"Campfire Creepers: The Skull of Sam (C)", cine de terror en 360º


Uno de los puntos importantes del pasado Sitges 2017 fue la inclusión de la nueva sección oficial Samsung Sitges Cocoon, una sección que incluyó hasta 27 cortometrajes rodados en Realidad Virutal (VR). Este formato cinematográfico ofrece al espectador un campo de visión de 360º, y es un sistema que, pese a ser muy embrionario aún, podría llegar a posibilitar a los realizadores a trabajar nuevas técnicas narrativas que impliquen directamente al espectador, y por lo tanto hacerle sentir partícipe de los acontecimientos que ocurren. Pero no solo es una herramienta puramente para potenciar la interacción con el espectador, sino que además el VR puede resultar un enriquecimiento cinematográfico, y en especial en el cine de terror a la hora de trabajar el fuera de campo, que es precisamente lo que muchas veces nutre a las escenas de miedo en el género. Insisto que de momento VR es un sistema que ahora mismo está más cerca de ser una atracción de feria que a otra cosa, pero es innegable que posee un gran potencial.

De entre todas las producciones que se presentaron en Samsung Sitges Cocoon, destacó Campfire Creepers: The Skull of Sam, una película de 15 minutos escrita y dirigida por el francés Alexandre Ajá, y que tiene como protagonista al actor Robert Englund. Comentaba precisamente Englund en una entrevista a otro medio, de que si aceptó el papel fue porqué le pareció el VR como algo cercano a Pesadilla en Elm Street, ya que la realidad virtual sumerge al espectador en un sueño, y en este caso en una pesadilla.


El argumento de Campfire Creepers: The Skull of Sam es simple: un grupo de niños en un campamento de verano conversan sobre una historia de miedo alrededor de una hoguera. La historia en cuestión trata sobre dos jóvenes que son capturados por un maníaco que les hará sufrir una muerte horrible.

El cortometraje tiene una historia muy simplona pero con mucho sabor ochentero, a base de influencias varias que tampoco hace falta recordar. Es una producción corta, pero según Alexandre Ajá fue dificilísima de realizar técnicamente, ya que se utilizaron hasta 10 cámaras y siempre se tuvieron que tener en cuenta infinidad de detalles para cada plano. El resultado final acaba siendo una experiencia divertida para el espectador, al convertirle en un personaje más de Campfire Creepers: The Skull of Sam.


La calidad del VR es, como indicaba, todavía muy básica. La resolución del cortometraje es bajísima, y además hay problemas con la parte inferior de los 360º de imagen a la hora de unificarse con el resto del angular. También, la utilización de unos FX algo pobres, como es en las escenas que aparecen una legión de hormigas asesinas que parecen creadas con el CGI de los 90, evidencian que la producción posee una desigualdad considerable respecto al cine de hoy. Pero bien, lo comentado antes, no se trata de una obra cinematográfica valorable por su contenido, sino que es valorable como ejemplo de lo que podría llegar a ser el futuro del cine de terror. Y este futuro podría implicar muchos cambios a la hora de concebir el cine, y no solo tecnológicossino por ejemplo de que en cada visionado de la película el espectador puede descubrir detalles nuevos, así como a la vez hacerle pagar varias veces una misma entrada de cine.

A mí la experiencia me gustó, quizás no lo veo como algo aplicable al 100% en salas cinematográficas, pero si más no puede ser un estímulo a la industria a determinada época para revivir el género a base de experiencias nuevas.

(un servidor viviendo la experiencia)

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