Hounds of Love - Ben Young, 2016


-DIRECTOR: Ben Young
-GUIÓN: Ben Young
-AÑO: 2016
-DURACIÓN: 108 min.
-PAÍS: Australia
-MÚSICA: Dan Luscombe
-FOTOGRAFÍA: Michael McDermot
-REPARTO: Emma Booth, Ashleigh Cummings, Stephen Curry, Susie Porter,Damian de Montemas, Harrison Gilbertson, Fletcher Humphrys, Steve Turner
-PRODUCTORA: Factor 30 Films




¡Qué final Hounds of Love! Creo que es la primera vez que empiezo a comentar una película por el final, pero es que acabo de verla y no consigo borrar de mi cabeza esa escena tan bestia como la que acabo de ver. Esto es puro cine, quizás una de las películas del año que a base de aplicar un brutal talento cinematográfico a una base argumental digna de telemovie, su director Ben Young demuestra al espectador que se puede conseguir con poca cosa verdaderas proezas fílmicas, en una era en que predominan los píxels y los escenarios marcianos. Hounds of Love no solo es una de las películas del año, es quizás una de las películas más redondas en todos los aspectos técnicos y artísticos de los últimos años, capaz de satisfacer al público con paladar exigente y también a los que solo busquen un entretenimiento de calidad.

Se llama Ben Young el responsable de esta obra de arte, un australiano que debuta en el largometraje y que con Hounds of Love avisa a todo el mundo que será alguien de qué hablar en el futuro. Demuestra que con un simple argumento sobre un secuestro que bien podría encajar en una película de sobretarde, se le puede aplicar a la trama unas capas de cinefília la mar de interesantes sin caer en estéticas, montajes y segundas lecturas propias del cine más espeso y “gafapasta”, como por ejemplo con la similar -y genial- Alleluia. La película utiliza el secuestro para hilar una historia sobre un matrimonio frustrado (secuestradores) en que el marido (Stephen Curry) es una persona violenta, pervertida y que utiliza a su esposa a su merced. Por otro lado, su mujer (Emma Booth), es alguien traumatizada por la pérdida de sus hijos y que vive perdidamente enamorada de su marido maltratador, capaz de de hacer lo que haga falta para intentar que su matrimonio funcione. En su conjunto es un amor de perros, como el título indica, un amor desesperado, dispuesto a secuestrar a una joven adolescente con tal de conseguir dinero para así poder pagar las deudas que tienen con un prestador.


Más allá del argumento, Hounds of Love cuida mucho la manera en que expone el relato. Young enriquece a la trama con un uso exquisito de la música, capaz de dotar a las imágenes de emoción, fuerza o delirio a situaciones de intensidad, y que junto con un brutal trabajo en la fotografía, la película tiene músculo a cada imagen. Es un trabajo que quizás no se ve a simple vista, pero que está allí aplicado, y le provoca al espectador la sensación de estar siempre viendo algo de calidad, algo que tiene un trabajo invisible detrás que evidencia el cariño que ha aplicado Ben Young a un guión que también él mismo ha escrito. Escenas como la del secuestro que finaliza en una mamada de la mujer al marido, son de delirio puro, y ese delirio se transmite a las imágenes sin necesidad de efectismos en el montaje, demostrando así Young un dominio en la transmisión de sensaciones en la narración de la película completamente efectivo y de gran impacto. Además, como comentaba, la fotografía cuida muchísimo el espacio escénico (casi toda la película se desarrolla en el interior de una casa), utilizando como arma el fuera de campo para desarrollar escenas de suspense tan impactantes como la del momento en que la chica secuestrada va al lavabo a orinar acompañada del secuestrador, y no sabemos si la violará o no. Al loro con esa escena, con la mujer allí fuera esperando, enloquecida por si su marido le está poniendo los cuernos. Es bru-tal.


Y el final, vuelvo a él, y quiero insistir en que es completamente redondo. En él todo estalla, quizás en algo más o menos esperado, pero tampoco he querido engañar a nadie en ningún momento, ya que con Hounds of Love estamos en una historia digna de telemovie. Pero hay que insistir en el trabajo que aplica Ben Young a esta base tan básica. Consigue una demostración de puro cine, de dominio perfecto del suspense, y de ser capaz de emocionar con una simple mirada. A esto, hay que reconocer que sus dos protagonistas secuestradores, una inmensa Emma Booth y Stephen Curry, están más que solventes y saben demostrar a través de las imágenes ese amor tan perro que es su matrimonio.

Puro cine, nada falla, todo funciona.  


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