Killing Ground - Damien Power, 2016


-DIRECTOR: Damien Power
-GUIÓN: Damien Power
-AÑO: 2016
-DURACIÓN: 88 min.
-PAÍS: Australia
-MÚSICA: Leah Curtis
-FOTOGRAFÍA: Simon Chapman
-REPARTO: Aaron Pedersen, Stephen Hunter, Harriet Dyer, Ian Meadows, Tiarnie Coupland,Maya Stange, Mitzi Ruhlmann 
-PRODUCTORA: Arcadia / Hypergiant Films. Distribuida por IFC Films




Mucho ya se ha escrito sobre Killing Ground, una película australiana del 2016 que a lineas generales gustó bastante sobretodo a la prensa más generalista, y por esto precisamente creo que vale la pena hacer una valoración más desde una perspectiva de género. Quisiera ponerla en el mismo saco de obras como Wolf Creek, Animal Kingdom o la reciente Hounds of Love, un cine que posé un hilo conductor argumental perceptible y sobretodo un buen hacer tras la cámara por parte de directores jóvenes que bien auguran un futuro prometedor al cine australiano.

La película no explica nada nuevo, pero sí tiene elementos que la hacen distinta a muchas obras parecidas como las mencionadas. Antes de esbozar esas particularidades, comentar que la película es un “Australian Gothic” -me lo acabo de inventar, pero seguro que me entendéis-, en que una pareja con su hijo van a pasar un fin de semana de acampada en un parque natural, un lugar donde coincidirán con otras personas. Allí, dos hombres rurales medio paletos darán caza con todos y cada uno de ellos.


Como decía, no se trata de otra obra más del gato y el ratón en que la supervivencia en entornos naturales se acaba convirtiendo en algo pesadillezco y violento. No negaré que ésto mola y que lo podemos encontrar en la presente película, pero Killing Ground no destaca precisamente por recrearse en estos aspectos tan de género, ni tampoco por tener personajes interesantes, o giros argumentales, etc., sino que dentro de su convencionalismo argumental la película explora en su guión una serie de decisiones que toman todos los personajes -tanto los buenos como los malos-, que sin duda acaban por sorprender al espectador por alejarse de lo común en la ficción. Es decir, que las heroicidades no existen, y en cambio si que existe la torpeza y la falta de valor. Humanidad, al fin y al cabo. Esto es lo que más me ha gustado de Killing Ground.


El director y guionista de la película es un tal Damien Power, un joven que de Killing Ground ha hecho su opera prima. Con ella demuestra solvencia, sabe dirigir y además regala al espectador algún que otro plano que los que entiendan de dirección cinematográfica sabrán valorar con aplausos. De todos modos, hay muchos otros detalles que fallan y desentonan la película, más allá del argumento convencional. Personalmente, odio que una película tarde en arrancar hasta el minuto 40, y que además la violencia quede casi censurada -que no disimulada-. De hecho, siguiendo con la violencia, Power sugiere violaciones, matanzas a niños y juegos mortales, y aunque a veces la violencia sugerida puede llegar a ser más angustiosa que la visceral, aquí simplemente parece recortada. Es como si la película hubiera sido suavizada con la intención de ser una obra que tenga hueco en las televisiones. Una pena, porqué incluso la escena del bebé es muy muy cruel...


En fin, una película supuestamente violenta en que unos paletos dan caza a unos jóvenes urbanitas, pero que la la cámara parece asustada de las escenas de morbo. Esto último nunca lo entenderé, ni lo quiero entender. En todo caso, aunque estemos ante una obra con un argumento muy típico, suavizada, y además escrita con la cronología alterada -algo que no aporta nada y es más molesto que otra cosa-, hay que ser objetivo y reconocer que Killing Ground tiene detalles sociológicos que la hacen interesante y además tiene una fotografía cuidada que aporta planos de gran belleza. Una película solvente, correcta, muy correcta... quizás demasiado.



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