Gun Woman - Kurando Mitsutake, 2014


-DIRECCIÓN: Kurando Mitsutake
-GUIÓN: Kurando Mitsutake
-AÑO: 2014
-DURACIÓN: 86 min.
-PAÍS: Japón
-MÚSICA: Dean Harada
-FOTOGRAFÍA: Toshiyuki Imai
-REPARTO: Asami, Kairi Narita, Noriaki Kamata, Matthew Floyd Miller, Dean Simone, Toshiya Agata, Marco Ballare, Marianne Bourg, Stacey Chu, Jennifer Mullaney, Tatsuya Nakadai
-PRODUCTORA: Maxam




La sensación que tengo al ver las más recientes novedades que se van presentando por festivales, así como otras películas que solo se pueden conseguir gracias al mercado videográfico, es que hoy existe una generación de cineastas alimentados en su juventud con cine de explotación. Una generación de autores marcados por el ya casi extinto videoclub, lugar de fantasía donde descubrir las propuestas más desorbitadas, salvajes, a la par que fascinantes, y eso se nota en una reformulación de aquellas viejas tendencias en producciones que denotan un estilo reciclado. Y, centrándome en el autor que me ocupa hoy, un claro ejemplo de ello es el japonés Kurando Mitsutake, quién con apenas tres producciones independientes a sus espaldas ya ha aportado al cine su particular visión sobre el chambara (Samurai Avenger: The Blind Wolf), el pinku eiga (Gun Woman) y las artes marciales (Karate Kill).

El título que me ocupa hoy es su segundo film: Gun Woman, una película de 2014 que, como apuntaba, recicla el viejo pinku eiga hacia el thriller de acción más cercano al cine de Luc Besson pero con la soltura de la serie B. Es decir, que lejos quedan con Gun Woman los ritmos pausados pero explosivos, sino que todo avanza más estilizadamente y sin perder nunca la fuerza, y esto ocurre básicamente porqué busca tener una perspectiva internacional. La historia se centra en la venganza que planea un hombre que vio como un asesino en serie (Noriaki Kamata) mataba a su mujer, y lo hace comprando a una yonki (Asami) que se encuentra al borde de la muerte para entrenarla y convertirla en una arma humana.


Su director Kurando Mitsutake es consciente de las limitaciones que tiene, y no tanto por el presupuesto sino por el simple guión que tiene entre las manos. El argumento es pura Serie B, todo evidente y radicalizado, sin capas, e incluso sin complicaciones excesivas a la hora de narrar la historia, y por ello lo que el director trabaja con especial cariño es todo lo que rodea esa trama. Con ello, un simple argumento de venganza femenina, puede convertirse en un disparatado argumento de cómic manga japonés, lleno de personajes pintorescos, cargado de épica en numerosas escenas de acción, y un coqueteo constante con los límites de la perversión. Es decir, una premisa simple que Mitsutake convierte en bizarra al transformar una mujer en arma humana, pero también introduciendo temas descabellados como la necrofilia, el canibalismo y la misoginia propia del pinku eiga, y de ese modo acaba armando un thriller erótico repleto de vueltas de tuercas y salvajadas de todo tipo.


Para todo ello Kurando Mitsutake aprovecha la presencia de la actriz Asami, actriz habitual del cine porno pero también familiarizada con el cine de acción y splatter (ha sido protagonista en numerosas películas de Yoshihiro Nishimura, Noboru Iguchi y Sion Sono), y que probablemente con Gun Woman firma una de las mejores interpretaciones de su carrera. Ella es la encargada de incendiar la pantalla al aportar a la película un alto voltaje sexual, peleando desnuda cuerpo a cuerpo contra individuos de todo tipo. Además, aunque Asami no hable en todo el metraje, ella es la encargada de cantar el tema principal de la película, que es una pegadiza canción hard-rockera escrita por Dean Harada. Este tema suma fuerza y puntualmente épica a determinadas escenas, al mismo tiempo que teletransporta al espectador a la época en que debería haber nacido Gun Woman, que es 25 años atrás. Sublime.


Gun Woman ofrece lo que promete, y es mucha acción y gore a base de escenas pasadas de rosca, con mucha carne visible (masculina y femenina) y mujeres convertidas en objetos. Pero quien quiera ver un poco más lejos de la evidencia seguro que encontrará en ella el rédito obtenido por parte de un cineasta llamado Kurando Mitsutake a base de devorar cine exploitation de tipo pinku eiga, teniendo así muy claro lo que busca y sobretodo para quién va dirigido el producto final. Un homenaje radical a una época, solvente técnica y artísticamente, en que pocas cosas chirrían, y que sus 80 minutos terminan en un suspiro. Y ojo con Noriaki Kamata interpretando al asesino porqué es de lo más desquiciado que he visto en tiempo.


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