Ralf König: Un superviviente del papel y lápiz


PRIMEROS AÑOS

Ralf König es un viejo conocido del Salón del Cómic de Barcelona, ya que fue el ganador a la Mejor Obra Extranjera de 1991 con El Condón Asesino. Esta es su obra más conocida, pero la realidad es que König es un dibujante con casi 40 años de trayectoria y que acumula premios internacionales, además de llegar a ser incluso todo un ídolo entre el público gay. Todo es debido, obviamente, a la temática de sus obras.

Su visita al 36 Salón del Cómic ha sido gracias a la colaboración de Ficomic con la editorial La Cúpula, editorial que edita en España su última obra: Pitopausia. Otoño en los pantalones, un cómic que, según los que lo han leído, se trata posiblemente de la mejor obra del autor. Ya lo veremos. En todo caso, aprovechando la promoción, König participó en distintas actividades en el Salón con tal de compartir espacio con sus fans, tales como una masterclass a la que asistimos, y que además nos ocupa en este post.

En ella, König, ayudado solo por un power point, explicó ante unas 30 personas su método de trabajo. Empezó por el principio, por su primer contacto con el mundo del cómic. Según explicó, el primer cómic que tuvo entre las manos fue de bastante joven, cuando tendrá unos 3 años, y fue con un libro de historietas del autor alemán Wilhelm Busch. En aquella época no sabia leer, pero recuerda que le encantaba mirar los dibujos.


Siguiendo con el autor alemán, König mostró al público de la masterclass un dibujo de una mujer intentando seducir a San Antonio (imagen superior). Ese dibujo le marcó, y años más tarde, cuando König era ya un adolescente, fue al museo de Wilhelm Busch y allí descubrió que la barba de San Antonio no era lo que aparentaba, sino que en realidad eran unos testículos. Además, en la parte inferior del dibujo, se podía apreciar los dedos del mismo en posición vertical, emulando a un pene erecto. Según König “mis influencias de niño ya eran marranas”. De todos modos, la niñez de Ralf König también estuvo influenciada por cómics como los de Charlie Brown, que se publicaban en el periódico, y que él los recortaba y se los guardaba.

Siguiendo con la etapa adolescente de Ralf König, es allí cuando logró ver más allá del simple dibujo, y se dio cuenta de las posibilidades que podía llegar como herramienta de transmisión de los sentimientos. A los 19 años conoció el cómic que le marcaría para siempre: Fritz the Cat, un cómic con drogas y sexo. Pero fue finalmente la historietista Claire Bretecher quien le contagió el estilo, en como se podían plasmar ideas cotidianas con estilo y humor. Con todo ello, König se dio cuenta de que quería hacer algo parecido para la escena homosexual. Tendría unos 18 años.


MÉTODO DE TRABAJO

Ralf König es un dibujante de la vieja escuela y trabaja sin ordenador. Siempre lo ha hecho así, y por ello el autor alemán mostró al público un dibujo antiguo de sus dos personajes más representativos: Konrad y Paul, realizado en 1989. De él comentó que, respecto a hoy, esos dos personajes solo han visto variado el trazo aplicado y la moda en cuanto a vestuario. “Siento un poco de nostalgia de aquella época, en que podía dibujar sin ser tan meticuloso a la hora de hacer el dibujo. Ahora todo debe ser igual, sin errores y muy pulido.

(dibujo de Konrad y Paul. 1989)

Cuando König tiene una idea la plasma a su blog de notas. No hay que olvidar que el dibujante alemán trabaja solo, es decir, que imagina las historias, las dibuja y también las colorea, y nunca pide la opinión de nadie. Es por eso que el blog de notas lo lleva siempre encima por si le viene alguna idea en mente y así poder plasmarla allí; y posteriormente, en caso de tener algún valor relevante, traspasarla a un papel. Según explicó “la pena es que se suele perder la frescura cuando se pasa a limpio un dibujo, se pierde la espontaneidad, y con ello la expresividad. Pocos autores consiguen mantenerla.


En la imagen de la pantalla (arriba) se puede apreciar el blog de notas de König, con anotaciones para el que será su próximo libro y del que, por cierto, ha comentado que volverá a tratar sobre los hombres primitivos. Comentó también que ahora mismo se siente presionado por los editores, porqué acaba de publicar Pitopausia. Otoño en los pantalones, y ya le están pidiendo un nuevo cómic. Ésto, según dijo, le resta libertad a su vida. Y por esta misma presión por parte de editores decidió hacer un proyecto con el que se sintiera cómodo, y para él no hay nada más cómodo de trabajar que hacerlo con hombres prehistóricos y peludos. Comentó al respecto que “tengo la historia, pero me está costando desarrollar los diálogos. Mi reto es no caer en la superficialidad de obras como “Los Picapiedra”. Quien sabe si estos días en Barcelona me sirven para descansar la mente y dejar fluir nuevas ideas para aplicarlas a mis hombres peludos”.


Volviendo al blog de notas, comentó que cuando tiene una pieza en concreto que le gusta la repasa a linea más gruesa para ser más expresiva. Después la traspasa a un folio en blanco, tal como comentaba, y del folio ya va directa a la viñeta. Después del dibujo se dedica al relleno, y luego al pelo, ¡le encanta el pelo! Por último colorea el dibujo. Quiso dejar claro König en la masterclass que él solo trabaja con lápices y rotuladores, algo que también hace a la hora de colorear. Por lo tanto, no usa ningún ordenador, porqué no le gustan los brillos ni lo sintético, quiere un dibujo espontaneo y con imperfecciones.

Cuando ya tiene el dibujo le añade la letra. La aplica directamente al dibujo, sin papeles superpuestos, por lo que una vez añadida ya no hay posibilidad a modificar errores ortográficos o el contenido del diálogo. Ésto, para los editores, es algo muy odioso, porqué no les permite corregir nada, pero para König es algo necesario. “No quiero papeles superpuestos, porqué necesito ver la viñeta acabada. Si sale mal le pego una pequeña superposición encima y corrijo, pero claro, después acabo entregando un cómic con relieve ja,ja”. También añadió que los dibujantes jóvenes se ríen de él porqué dicen que trabaja con un método primitivo.

(el caótico escritorio donde trabaja Ralf König)

Respecto a sus historias, König tiene siempre en mente un hilo conductor que le va guiando, pero el desarrollo de ella es completamente improvisado. “A veces no sé como acabará mi cómic. Los diálogos los improviso según el dibujo y después imagino la reacción de lo que vendría a ser la siguiente viñeta, y así es como voy avanzando mis obras.

Lo que más le cuesta dibujar a Ralf König son las mujeres, debido a que no siempre tiene claro el tipo de gesticulaciones o reacciones que pueden tener a cada situación. Lo mismo le ocurre con las naves espaciales, que le cuestan mucho. Hace años el autor alemán publicó Estación Espacial Deseo, una obra de ciencia ficción en que las naves están substituidas por objetos cotidianos de su entorno. Por ejemplo (y lo muestra en la imagen inferior), utilizó su vieja fotocopiadora como nave espacial. El otro objeto de la imagen, que pretende ser otra nave, no es más que una pieza random del motor de un coche, que le pareció genial como nave. Respecto a los planetas que aparecen en la misma obra... en fin, utilizó melones ja,ja.

(Estación Espacial Deseo)

Pero dibujar no siempre es lo más complicado para Ralf König, y lo ha descubierto con su última obra: Pitopausia. Otoño en los pantalones. Dijo “Es un cómic sobre el hecho de hacerse mayor, un tema que no es fácil de tratar para un hombre como yo. Los diálogos están hechos y superpuestos decenas de veces. Me documenté a través de Internet sobre las consecuencias que tiene el hecho de hacerse mayor en un hombre, sobretodo en cuanto a la sexualidad, y la verdad es que me ponía triste cuando me enteraba de cosas como que los testículos se hacían más pequeños.


Ya para acabar, Ralf König comentó de que siempre trabaja solo, nunca pide la opinión externa porqué considera de que eso solo le puede hacer dudar. “Si creo que mi trabajo está bien lo tiro adelante”. Además, la editorial tampoco se entromete en su trabajo hasta que el autor termina de dibujar la obra. Cuando les entregó Pitopausia. Otoño en los pantalones, tenía miedo de que fuera una obra demasiado triste, pero según explicó, a la editorial le encantó.


Comentarios