Sant Martí - David C. Ruiz, Albert València, 2018

-DIRECCIÓN: David C. Ruiz, Albert València
-GUIÓN: David C. Ruiz, Albert València
-AÑO: 2017
-DURACIÓN: 80 min.
-PAÍS: Catalunya
-MÚSICA: Luis Hernaiz
-FOTOGRAFÍA: Pau Savall
-REPARTO: Raül Tortosa, Guillem Fernàndez-Valls, Paco Moreno, Anna Ferran, José García Ruiz, Olga Bernardo
-PRODUCTORA: DDM Visual





La clave para que una película slasher funcione es muy simple: mostrar respecto a los referentes y a los clichés del subgénero. Es precisamente esta falta de originalidad la que valora el fan como positiva. Y en ella, como diría Randy Meeks, existen unas reglas que no son más que pura simbología a un mensaje conservador y por lo tanto protector hacia los valores familiares y puristas. Esto pertenecería a la típica segunda lectura que puede ofrecer un slasher, y que lejos de decaer con el tiempo por su el mensaje paternal, cansino y teóricamente impropio para el disfrute del público joven, lo cierto es que el mensaje subliminal perdura en las décadas adaptándose culturalmente a cada sociedad, como puede ser en este caso la catalana.

Sant Martí es lo último en cine de terror catalán, albergando en esa descripción el rodado, producido e interpretado en lengua catalana. La película está escrita y dirigida por David C. Ruiz y Albert València, dos realizadores que tienen muy bien asumido lo que comentaba en el párrafo anterior, y logran con eficacia un ejercicio que borda todas las aristas posibles del slasher. Pero lo que aporta electricidad a la película es su buena dosis de humor, que se revela culturalmente como muy propio de la tierra, y que sumado a la sangre y el horror convierten a Sant Martí en un rara avis de la cinematográfía catalana.


La película trata sobre un grupo de jóvenes que se dirige a un festival de rock que se celebra en las montañas, y que acabarán, tras una avería en su coche, buscando refugio en un pueblo de la Catalunya profunda llamado Sant Martí, un pueblo en que los forasteros no son bien recibidos. Con este argumento, la película avanza teniendo presente un referente cinematográfico muy claro, como es La Matanza de Texas. De ella se le extrae algunas referencias no solo argumentales y estéticas, sino también algún guiño, como por ejemplo el redneck borderline (interpretado magistralmente por José García Ruiz, que está "de Gaudí"), emulando al autoestopista de la película de Tobe Hooper, aunque más bien el personaje merece ser barrido para casa y considerarle como una versión caricaturizada del personaje Narcís en la telenovela de TV3 El Cor de la Ciutat ja,ja. También la primera muerte en Sant Martí es todo un homenaje.

Sant Martí es sobretodo una película de humor que invita a comer muchas palomitas, verla con amigos y tomarse muchas cervezas. Hace gracia, mucha, y tiene personalidad, o si más no funciona perfectamente como slasher festivo hasta el momento que deja más de lado su humor y alza la parte más de género de terror. Es quizás aquí donde surgen más sombras. Una segunda parte de la película ligada a escenas de muerte, persecuciones y torturas que no tienen la fuerza que debería, como si a David C. Ruiz y Albert València se les viera atados, con miedo a desmelenarse y apostar por ideas más diabólicas y no tan rudimentarias. Apenas la aparición del alcalde (Joan Massotkleiner) es quien eleva la película a un nivel superior, a más intensa, anárquica, con la sensación de que en cualquier momento puede ocurrir cualquier burrada propia del género, y supliendo así el protagonismo a un killer sin carisma.


Más allá del detalle de la parte más de terror del filme, la película se hace muy fácil de ver y disfrutar, con su humor juvenil mezclado con una trama de intriga y asesinatos, sin descuidar aquellos clichés que envuelven al slasher como son la sangre, asesinos en serie, rednecks, screamqueens y final girls. Y es fácil de ver porqué detrás de ella hay un trabajo técnicamente bien elaborado, con un gran trabajo de sonido que apuesta por orquestar buena parte del metraje, dando así energía constantemente a un montaje dinámico que nunca decae. Y es que sin duda, Sant Martí es una película bien rodada, bien montada y también excelentemente interpretada.


Sant Martí es una película pequeña pero bien parida. Está cargada de personajes estereotipados incapaces de evolucionar dramáticamente, y por contra involucionan como humanos a base de drogas, sexo y alcohol. Eso les convierte en carnaza, Sant Martí lo sabe, y abusa de ellos. Es divertido en su conjunto. Como si de un ajedrez se tratara, con sus piezas destinadas a cumplir su objetivo, y San Martí cumple, aunque quizás con una estrategia demasiado previsible. De todos modos, con sus luces y sombras, estamos ante una película con capacidad para ser recordada, si más no entre la cinematografía catalana. Lo digo yo, pero estoy seguro que Randy Meeks también aprobaría la película.

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