The Barn - Justin M. Seaman, 2016

-DIRECCIÓN: Justin M. Seaman
-GUIÓN: Justin M. Seaman
-AÑO: 2016
-DURACIÓN: 90 min.
-PAÍS: Estados Unidos
-FOTOGRAFÍA: Zane Hershberger
-REPARTO: Mitchell Musolino, Will Stout, Lexi Dripps, Cortland Woodard, Nikki Howell, Linnea Quigley, Nickolaus Joshua, Ari Lehman, Ryan Nogy, Justin M. Seaman
-PRODUCTORA: Nevermore Production Films / Nevermore Production Studios. 
-DISTRIBUIDORA: Terror Films




The Barn es un título de terror indie del 2016 que remite a los años 80 en todos los sentidos, desde la estética hasta los efectos, incluso algunos miembros de su casting. Y de mismo modo que The Barn, ahora mismo nos pueden venir en mente numerosas películas que también trabajan el factor nostálgico, como pueden ser Beyond the Gates o Secret Santa, un cine que remite a esa década pero que a nivel general la sensación que provocan entre ellas es más de imitación mutua que de imaginación. Esto no quita que podamos estar ante un cine divertido y que algunos espectadores incluso le sabrán valorar sus detalles de puesta en escena y de banda sonora, llegando incluso a emocionarles, pero al final pienso que toda esta saturación de títulos huele más a moda que a reminiscencia, y esto deprime un poco. En el caso de The Barn estamos ante una más (pero una más que incluso ha llegado a ser editada en VHS), con cosas muy buenas otras que son un desastre. Vamos a ver.

La historia de The Barn parte de un texto que el propio director del filme, Justin Seaman, escribió cuando tenía 8 años. Trata sobre unos espíritus demoníacos que viven en un granero: The Boogeyman, Scarecrow y Hallowed Jack, que después de 30 años en reposo un grupo de jóvenes que se dirige a un concierto de rock'n'roll los revive por error tras conjurar una frase mágica. The Barn se sitúa en la noche de Halloween de 1989, y posee todos los elementos estéticos de aquella época además de todo lo relacionado con el terror adolescente de entonces, con sus tópicos y normativas que ya nos resultan bien conocidas.


The Barn tiene muchos detalles a su favor. La fotografía remite a la perfección a los años 80, gracias a su textura granulada y con algunas quemaduras que logra verse muy natural y convincente. Esto sirve para ajustarse bien una puesta en escena que es pura reminiscencia al terror adolescente de la época, con sus decorados creepy de una noche de Halloween, apareciendo seres demoníacos que asesinan según el grado de sexualidad de cada personaje o de impertinencia, pasados oscuros que vuelven y toman protagonismo en una conversación delante de una hoguera, y todo protagonizado por unos jóvenes valientes que se niegan a ser adultos y que quieren salvar el mundo. Todo esto acompañado en la banda sonora con su ritmo de rock'n'roll con tintes psicodélicos, aunque, hay que decir que no toda la música se ajusta del todo a la época. Pienso que los más fans de género de terror sabrán valorar bien estos detalles tan bien logrados.


El protagonismo en el casting va a cargo de dos chicos que son buenos amigos: Sam (Mitchell Musolino) y Josh (Will Stout), dejando así el papel de las mujeres al de simples trozos de carne dispuestos a desnudarse y a sangrar. The Barn trata sobre el paso de la adolescencia hacia la madurez, teniendo a los adultos como imperativo a superar esa bonita etapa de experimentación, riesgo y descubrimiento, muy propensa también a la imaginación y fantasías. Un momento ideal para vivir la noche de Halloween que se tuerce, y del amor real por aquellas vacaciones donde ocurrían cosas increíbles, creando los jóvenes sus propias leyendas en momentos nocturnos. Pienso que The Barn trabaja bien esa magia, aunque sus actores quizás no están a la altura deseada.

Tema aparte es el “otro” casting de The Barn. Por un lado, la estrella de la serie B-Z de los 80 Linnea Quigley tiene protagonismo puntual con una aparición quizás forzada, pero agradecida por el fan del horror. Le permite asustarse y gritar, y también de hacer de típico personaje experimentado que advierte al grupo de jóvenes de los riesgos de sus acciones y que, como es habitual, no le harán ni caso. Por otro lado tenemos a Ari Lehman (el primer actor que interpretó a Jason Voorhees) que resulta muy divertido verle como presentador de un programa televisivo de horror al más puro estilo Elvira, con una escena de créditos de apertura que es una maravilla -y cutre como antaño-.

(Linnea Quigley)

Los problemas de The Barn son graves, y los encontramos en el guión. Es una película prácticamente vacía, estirada como un chicle para que el montaje final pudiera llegar a los 90 min., afectando así a la comprensión de determinadas escenas y en general a la linealidad del conjunto. Hay muy poco a contar, y es cierto que no necesariamente esto tiene que ser algo malo, siempre y cuando esos “detonantes” de cada escena de terror sean consecuencia de una mejor preparación previa en forma de tensión, misterio o alteración emocional de los protagonistas. Esto apenas pasa en The Barn, quedándose todo en superficial e infantil. No obstante la película tiene capacidad para entretener, porqué es generosa en su puesta en escena y asesinatos, y eso se agradece, pero no la hace buena.


En resumen, estamos ante una película floja. Su problema principal es creer que el cine de Serie B-Z por el hecho de basarse en tópicos no apueste por una buena elaboración de las escenas de horror. A ésto me pregunto: ¿Nos gusta el cine malo como forma de entretenimiento? Pues creo que de forma limitada pero sí, y The Barn puede tener su público fiel, porqué apuesta fuerte por remitirse a otra época y tiene buenas muertes, el problema es que el contexto ha cambiado, tenemos más acceso al cine, el público ha visto más y también tenemos más capacidad para ver defectos. Estos ejercicios retro son peligrosos, y creo que esta vez, The Barn, se ha preocupado demasiado en la imagen y no tanto en el auténtico significado del horror.


(edición limitada de la película en VHS)

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