Ghostland - Pascal Laugier, 2018

-DIRECCIÓN: Pascal Laugier
-GUIÓN: Pascal Laugier
-AÑO: 2018
-DURACIÓN: 91 min.
-PAÍS: Canadá
-FOTOGRAFÍA: Danny Nowak
-REPARTO: Crystal Reed, Anastasia Phillips, Mylène Farmer, Taylor Hickson, Emilia Jones, Rob Archer, Suzanne Pringle, Adam Hurtig, Alicia Johnston, Ernesto Griffith
-PRODUCTORA: Coproducción Canadá-Francia; 5656 Films / Logical Pictures / Mars Films




Ghostland se ha convertido en uno de los títulos del año, o si más no eso es lo que nos han hecho creer los medios de gran envergadura. Posiblemente no vayan del todo equivocados, viendo que se trata de la segunda incursión fuera de Francia del director Pascual Laugier, director de Martyrs y The Tall Man, la cara y la cruz de su cine (solo comercialmente fue un exitazo The Tall Man). Viendo Ghostland se trata de un equilibrio entre ambas películas, desarrollando una trama principal sobre una violenta home invasion en casa de una madre y sus dos hijas adolescentes, pero sin perder de vista el trauma que sufre una de las hijas que la hacen refugiarse en su mundo ideal. A todo ello, mucha violencia física y psicológica, y escenas de terror con mecanismos propios de la escuela James Wan, acaban dando forma a Ghostland.

El guión está escrito por el propio Pascal Laugier, y trata sobre el hecho de afrontar los miedos, en como las personas pueden refugiarse a modo psicótico en un mundo donde se cumplen los sueños, y se desdibuja la cruda realidad. Partiendo de aquí, es normal que la parte más lineal de la película, que no es más que dos psicópatas que secuestran a dos adolescentes y se las hacen pasar canutas, a veces su continuidad pueda ser algo torpe. Pero más allá de esa torpeza en el control de los tiempos, que provoca algunas dudas al espectador -como es el caso del trance entre las dudas que tiene Crystal sobre la realidad que percibe-, el espectador sufre más la previsibilidad del guión por tratar una idea muchas veces vista en el cine, y del recurso de ciertos mecanismos tramposos que emplea Laugier para dar una conjunción que haga aparentar a Ghostland que está todo bien hilado.


Uno de los personajes clave de la película es la propia casa. Laugier no se avergüenza en el tramo inicial de la película de marcar como referente a Rob Zombie, y suponemos que concretamente a su House of 1000 Corpses, por como la decora con elementos vintage decadentes, muñecas sucias y medio rotas amontonadas por la casa, sótanos que parecen el mismísimo infierno, y en general el escenario es un laberinto opresivo sin ventanas muy oscuro, en que la única salida posible desemboca a un desierto. A mi, personalmente, la casa me remite más a Tourists Trap, por todo el tema de las muñecas y marionetas. A todo ello, los dos rednecks psicópatas, en efecto, parecen también freaks pervertidos (uno transexual y el otro un gordo sudoroso pedófilo) extraídos del universo de Rob Zombie. El problema de esta puesta en escena creepy es que no se ajusta a la personalidad de su propietaria, que es la madre de las dos adolescentes, algo que, por ejemplo en House of 1000 Corpses si ocurre, al tratarse de un reflejo del perfil repulsivo de sus inquilinos. Por lo tanto, en Ghostland Laugier exporta gratuitamente ese tipo de puesta en escena, pero resulta desajustada completamente con la bondad de la madre y las hijas, y por lo tanto, que sus dos psicópatas “gocen” de ese hogar creepy en la película es puramente fortuito, y no significa el reflejo de nada.


Tema aparte es la fotografía, que retrata ese hogar y sus exteriores de un modo demasiado oscuro y contrastado, algo que chirría especialmente cuando se filman los exteriores, viéndose la imagen como pasada por un filtro de Instagram.

Eso si, la banda sonora es canela en rama. Siempre, en el cine, una banda sonora trabajada puede llegar a elevar una buena película a sublime, y este es el caso de Ghostland -aunque la haga decaer por otros motivos-. Y cuando digo “banda sonora” no solo me refiero a la música, sino a otros elementos que la incluyen como son los silencios y efectos de sonido, que refuerzan cada escena, cada sensación de tristeza, de dolor, rabia o miedo. A ello, una actriz como Crystal Reed (Vera adulta) se desenvuelve muy acomodada en ese triple rol que desarrolla: escritora de éxito, hundimiento emocional y superviviente, una tarea exigente como actriz y que la banda sonora siempre está allí para acompañarla.


Ghostland es una película que gustará mucho a primera vista, y seguramente está por encima de la media de producciones de género que aparecen anualmente. Se agradece ese equilibrio contante por el que apuesta Laugier entre el trauma que sufrió una adolescente y la crudeza de la home invasion más despiadada, al igual que una puesta en escena creepy que denota mimo y amor por algunos referentes del género de terror, además de una banda sonora que es un puto 10. El problema de Ghostland es que parece haber sido elaborada de una manera burda, con buenas intenciones pero mal terminada, ligera en trama y personajes, y en general Ghostland es algo que va de más a menos. Todo es conocido y hace previsible sus giros narrativos, pero no negaré que su sadismo y ganas por ofrecer algo inteligente merece ser visto.


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