Puppet Master: The Littlest Reich - Sonny Laguna, Tommy Wiklund, 2018

-DIRECCIÓN: Sonny Laguna, Tommy Wiklund
-GUIÓN: S. Craig Zahler
-AÑO: 2018
-DURACIÓN: 84 min.
-PAÍS: Reino Unido
-MÚSICA: Richard Band, Fabio Frizzi
-REPARTO: Thomas Lennon, Charlyne Yi, Michael Paré, Udo Kier, Nelson Franklin, Barbara Crampton, Matthias Hues, Tina Parker, Jenny Pellicer, Kennedy Summers, Betsy Holt, Victoria Hande, Skeeta Jenkins, Stephen Brodie, Anne Beyer, Grace Montie
-PRODUCTORA: Coproducción Reino Unido-Estados Unidos; Cinestate




Muchas veces me pregunto que es lo que el espectador quiere ver en un remake. Se critica la innovación por el hecho de desvirtuar la idea original, y se acusa de plagio, cuando se es fiel. Quizás lo mejor es no hacerlo, o hacerlo solo cuando se parte de una película fallida pero con una idea potencial. Me quedo con esto último, y por ello pienso que Puppet Master, de la Full Moon, no necesita remake, pero igualmente lo ha habido. La producción se ha alejado del productor Charles Band y su Full Moon, y ha sido liderada en la dirección por un tándem de directores como son Sonny Laguna y Tommy Wiklund, que a sus espaldas colaborando ambos solo tenían dos películas: Wither y We Are Monsters, ambas de género pero poco testimoniales. Solamente la inclusión en el reparto de actores como Barbara Crampton, Michael Paré y Udo Kier, de un guión escrito por el hombre de moda S. Craig Zahler, además de la participación en la banda sonora de un valor seguro como Fabio Frizzi (colaborador habitual de Lucio Fulci), daban pie a dar un voto de confianza a Puppet Master: The Littlest Reich. El resultado ya está disponible.

Lo que el espectador se encuentra con Puppet Master: The Littlest Reich es que hay una reformulación de la idea original que acaba convirtiendo a la presente película en un reboot más que en un simple remake. Ahora, Andre Toulon pasa a servir al nazismo, y las marionetas pasan a ser autómatas, a simples siervos de Toulon para asesinar. Esto les impide ganar a las marionetas un carisma que siempre habían tenido en la saga Puppet Master de la Full Moon, limitándose ahora a ser simples herramientas que matan, y nada más. Creo que la magia que desprendían en la saga original es que, pese a poseer una naturaleza asesina, no sabías del todo si las marionetas pertenecían al bien o al mal, y que junto a la música de Richard Band, que era mágica, un punto tierna y que emocionaba, las dotaba de una simpatía especial. Además, las antiguas colaboraban juntas, tenían alma y parecía incluso que tuvieran amistad entre ellas, llegando a pelear unidas en guerras con otras marionetas en un par de secuelas de la Full Moon. Aquí, en este reboot, no existe nada de eso, ni siquiera esa ambigüedad que comentaba y que tan bien le funcionaba al original.


En todo caso, Puppet Master: The Littlest Reich no es un remake, es un reboot como decía y hay que valorarlo como tal. En parte agradezco que la naturaleza de Andre Toulon sea otra (ni siquiera es humano) y sobretodo que la historia arranque a través de esta nueva idea sobre él -que huele a futuras secuelas-, más que nada porqué se deja bien claro que estamos ante otra cosa a lo que creó la Full Moon en 1989. Partiendo de aquí, la película trata sobre Edgar, un joven dibujante y vendedor de cómics que se encuentra en casa una marioneta (Blade), que descubre que fue creada por el importante marionetista Andre Toulon, y por ello decide venderla en una convención especial dedicada a él donde se subastarán objetos personales. En esa subasta, con todos los propietarios reunidos, empezará un baño de sangre.

La película es un recital de asesinatos embadurnados de mucha sangre y vísceras, siempre con un tono desenfadado a través de sutiles pinceladas de humor negro que nunca destacan pero que se perciben, como muy inglés todo, dotando al relato de cierta simpatía que encaja muy bien en una película de marionetas asesinas. Es un rotundo éxito en este aspecto el guión escrito por S. Craig Zahler, que es la persona que anteriormente escribió y dirigió peliculones como Bone Tomahawk y Brawl in Cell Block 99, con un guión astuto y que el reparto cargado de estrellas de la película sabe materializarlo de maravilla.


En cuanto a las marionetas vemos a las de siempre y también a las nuevas. La historia habla de más de 40 marionetas creadas por Toulon (y probablemente se muestran todas), mientras que a lo largo de la saga original apenas se ven 25 contando las 12 película de la Full Moon. Esto le da a Puppet Master: The Littlest Reich algo más de propiedad, pero lo cierto es que algunas de las nuevas parecen simples juguetes con poco trabajo estético. Al final, como espectador, se agradece que las clásicas Blade, Pinhead, Torch y Tunneler tengan presencia y asesinen, aunque se echan en falta otras como son Leech Woman, Six Shooter o Jester. La estética de las antiguas marionetas es prácticamente igual a la original de la Full Moon, preservando la cierta cutrez y los movimientos torpes, es decir, que la película evita los efectos digitales para mover las marionetas y además las anima manualmente. Tema aparte son las nuevas, que parecen más juguetes electrónicos que lo que deberían ser, marionetas.


Barbara Crampton está genial como agente de seguridad retirada, mostrando un carácter y ganas de tomar acción pocas veces vistas en su carrera como actriz. Su presencia no es la de un simple cameo, como por ejemplo el de Udo Kier interpretando a Andre Toulon, que es testimonial y apenas se le ve la cara, sino que Crampton desarrolla un personaje con capacidad de liderazgo en cuanto a valentía e inteligencia en momentos de tensión y que resulta muy interesante, sobretodo en cuestiones de género feminista. Y a Barbara Crampton le acompaña un Michael Paré -con algunos kilos de más- que interpreta a un detective que parece una versión cutre de Colombo. Lo interesante del resto del reparto es la lejanía que muestran a los tópicos, con un protagonista dibujante de cómics, una novia friki y un resto del reparto que se divide entre negros, judíos, gitanos y homosexuales, que es la carnaza perfecta para las marionetas nazis.


Respecto a Toulon, interpretado por Udo Kier, es quizás lo peor parado de la película. Maquillado como un zombie putrefacto, moviéndose como por embrujo, sin personalidad, ni raciocinio. Es plano, y pienso que acaba siendo un personaje que los directores Sonny Laguna y Tommy Wiklund directamente lanzan por la borda.

En fin, que la reformulación imaginada por S. Craig Zahler no acaba de cuajar. Aquí hay otro concepto de película, probablemente más astuta, mejor dirigida y con un casting envidioso, pero a Puppet Master: The Littlest Reich le falta algo más de sensibilidad, más vida a las marionetas y sobretodo un Andre Toulon que vuelva a ser amado y no insultado, maquillándolo como un zombi carapizza porculero. Quizás ahora el mundo se volverá más justo y descubrirá que Charles Band era -y sigue siendo aún- alguien que merece colgarle algunas medallas. Pero bien, pese a todo lo malo -que son cosillas solo-, es muy disfrutable Puppet Master: The Littlest Reich. No te la pierdas.

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