[Crítica] Piercing - Nicolas Pesce, 2018

-DURACIÓN: 81 min.
-PAÍS: Estados Unidos
-AÑO: 2018
-DIRECCIÓN: Nicolas Pesce
-GUIÓN: Nicolas Pesce (Novela: Ryû Murakami)
-FOTOGRAFÍA: Zack Galler
-REPARTO: Mia Wasikowska, Christopher Abbott, Laia Costa
-PRODUCTORA: BorderLine Films / Borderline Presents / Memento Films International / Paradise City / YL Pictures





Piercing es la propuesta psychosexual del Sitges 2018. Con una trama argumental de thriller erótico, pero teniendo en su superficie una costura de comedia negra, la nueva película de Nicolas Pesce (The eyes of my mother) le ofrece al espectador un ejercicio dominio físico y mental entre un cliente y una prostituta que no son agua clara, trabajando así una historia que desafía al espectador sobre quien está dominando a quien en todo momento. La película se basa en una historia original de Ryû Murakami, autor conocido entre el público más cinéfilo por ser el responsable de Audition, la obra que posteriormente fue adaptada al cine por Takashi Miike.

La historia es muy sencilla, tanto que es solo una excusa para desatar el juego de dominio sadomasoquista. Trata sobre un hombre (Christopher Abbot) que tiene siempre la misma pesadilla: apuñala a su bebé. Para remediarlo decide acordadamente con su esposa (Laia Costa) que debe matar a alguien. La elegida será una prostituta (Mia Wasikowska), a quien esperará en una habitación de hotel con un pica-hielos. Obviamente, y con el catetismo del hombre por bandera, el asesinato no sale como debería.


La película es una historia de cazador cazado que ha resultado ser decepcionante. Pesce trabaja una historia que avanza ciegamente a ningún lugar y solo el personaje de la prostituta, que es de una ambigüedad desconcertante, da juego a una historia que parece más bien un esbozo de lo que debería haber sido. Piercing es un desastre como película, no sabe como complicar su trama hacia algo con sentido, y acaba siendo un producto tan vacío en ideas que sus cortos 82 minutos demuestran que están estirados hasta el límite.

Pero pese a la propuesta fallida de Nicolas Pesce, Piercing para nada aburre. De hecho, yo me lo he pasado pipa a base de conocer esa ambigüedad de la prostituta, nunca sabiendo por donde podrá salir con sus excentricidades agresivas, cariñosas, o de tensión erótica. Mia Wasikowska está tremenda en su papel de cazadora, pero de una cazadora que sufre en lo personal, que pide ayuda en silencio debido a problemas con el chulo con quien trata y de su desesperación por ser aceptada como persona normal, necesitada de estímulos afectivos e incluso románticos. De hecho, ella no sale con amigas, no sale de fiesta, y solamente gasta su dinero en decorar su hogar. Su personaje es un poema y la verdad es que se le coge mucho cariño.


Lo que salva minimamente a Piercing es que es muy sencillo lo que nos quiere contar. Apenas 3-4 personajes, teniendo solo dos el peso de la película, espacios cerrados, una puesta en escena muy cuidada, algo de humor y una banda sonora retro estupenda, Piercing es muy fácil de ver, engancha por trabajar una idea simple pero gancho, y aunque no se dirija a nada, la tensión erótica, mezclada con el dolor físico, acaba atrapando al espectador. Por cierto, hay violencia y sangre, incluso pesadillas monstruosas que firmaría Edogawa Rampo, pero Piercing no es una película de terror, y ni si quiera posee el descaro y crueldad de Audition.


En fin, que Piercing es una película de cazador cazado que juega constantemente al despiste, pero que la mayor despistada es ella misma, ya que su historia no concluye. Me quedo con ganas de saber qué hubiera pasado si Nicolas Pesce se hubiese desmelenado apoderándose del relato original tal y como hizo Miike en Audition. Pero bien, pese a su falta de concesión y a ser una película fallida, el psychothriller sexual que es Piercing engancha, incomoda e incluso estimula.


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