Suspiria - Luca Guadagnino, 2018


-DIRECCIÓN: Luca Guadagnino
-GUIÓN: Dave Kajganich (Original de Dario Argento,Daria Nicolodi)
-AÑO: 2018
-DURACIÓN: 152 min.
-PAÍS: Italia
-MÚSICA: Thom Yorke
-FOTOGRAFÍA: Sayombhu Mukdeeprom
-REPARTO: Dakota Johnson, Tilda Swinton, Chloë Grace Moretz, Mia Goth, Jessica Harper, Sylvie Testud, Angela Winkler
-PRODUCTORA: Coproducción Italia-Estados Unidos; First Sun / Frenesy Film Company / MeMo Films / Amazon Studios / Mythology Entertainment / K Period Media / Muskat Filmed Properties / Vega Baby Releasing. Distribuida por Amazon Studios





Suspiria de Dario Argento es cine redondo, porqué incluso sus imperfecciones, sobretodo ligadas en aspectos estéticos, acaban dotando a la película de recursos que suman a un conjunto pesadillezco. Un infierno que se presiente a base de encuadres imposibles, por una peculiar geometría estética del escenario, un tratamiento de la iluminación inmersivo y tripioso, también por una banda sonora escalofriante y por asesinatos desgarradores. Una bonita y terrible experiencia más que un relato coherente, que parece que Luca Guadagnino no ha querido plagiar en su revisión, tomando la más acertada de las decisiones.

Suspiria de Luca Guadagnino no tiene nada que ver la obra de Dario Argento. Compararlas seria un error, pero el problema de esta revisión contemporánea es precisamente la innovación que ha querido aportar el italiano. Partiendo de un metraje de 145 minutazos -algo que debería ser delito en el cine de terror-, Suspiria es un chicle que se va alargando a base de añadir elementos contextuales de la Berlín políticamente dividida de 1977, así como también una subtrama detectivesca del doctor Josef Klemperer que sospecha sobre la existencia de las tres brujas. No solo ésto, además el detective vive con el dolor de su mujer desaparecida en 1943 que sospecha que desapareció en Polonia.... ¿Y qué? Pues si, y Guadagnino se recrea y recrea con toda esta subtrama que solo se resuelve en un epílogo final prescindible. Dicho así rápido, Josef Klemperer es un personaje que sobra, y que solo sirve para dilatar el timeing del metraje.

(Dakota Johnson)

Pese a ello, la base argumental de la película es la que debería ser: Susie Bannion (Dakota Johnson) es una bailarina de Ohio que huye de una realidad familiar trágica para entrar a formar parte de una prestigiosa compañía de danza de Berlín. Una de las profesoras, Madame Blanc (Tilda Swinton), queda impresionada con el talento de la joven y la acepta. A partir de aquí, la ingenuidad de Susie ante un sueño y una nueva vida se desploma para acabar descubriendo los secretos más oscuros y diabólicos de la compañía de danza.


Suspiria 2018 además de innovar con de elementos de la trama que resultan prescindibles, también lo hace con un final muy diferente al original de Argento. Ese final, que es algo previsible pero muy impactante, tiene un desarrollo un tanto desconcertante y la conclusión que trabaja no queda del todo clara. En todo caso es un final muy de género de terror, rompiendo con el formalismo predominante hasta entonces y volcando el filme hacia un clímax infernal muy molón. Y siguiendo con el terror de Suspiria 2018 hay algunas escenas pesadillezcas mostradas a ritmo de videoclip, con una sucesión de imágenes extrañas y perturbadoras unidas por los susurros inquietantes propios del filme original. Nada que no hayamos visto, pero aportan intensidad al elegante despliegue formal de la película, y consiguen puntualmente inquietar. Como novedad al respecto, Guadagnino toma la valiente decisión decirle al público desde el inicio de la película que las brujas existen y tienen poderes, y que son las profesoras de baile que vemos en pantalla. De ahí a algunas risas, palmas, gritos o miradas penetrantes de estas brujas que Guadagnino les sabe imprimir algo turbio, y aunque el filme apueste por un mal revelado desde el principio la brujería acaba siendo reservada hasta el explosivo final. También es destacable alguna escena de muerte muy potente y que invita a apartar la mirada (ojito con la primera).




En cuanto a la experiencia visual que ofrece Guadagnino al espectador, se muestra correcta y denota una buena simbiosis entre la banda sonora y la realización, también con los hits de danza de la compañía, mostrado todo bajo un baño tintado de color papel de periódico en la fotografía del filme que parece que haga retroceder la película a un look setentero. Y ya sabemos, brujas y planteamiento estético setentero, suele asociarse bien, algo que el fan del horror sabe apreciar.


Así con todo, Suspiria 2018 es como una piedrecita que cae desde la cima de la montaña, da vueltas y vueltas, cogiendo potencia hasta colisionar en un impactante final que la frena en seco. La sensación que a uno le queda es si Suspiria 2018 necesitaba dar tantas vueltas. Pero las da, tocando muchos palos sin rematar muchas de sus incógnitas. Esta vez, menos es más.

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