[Crítica] Killing (Zan) - Shinya Tsukamoto, 2018 - La Zona Muerta - Cine de Terror, Manga y Asesinos en Serie

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martes, 23 de abril de 2019

[Crítica] Killing (Zan) - Shinya Tsukamoto, 2018

-TÍTULO ORIGINAL: Zan (Killing)
-DIRECCIÓN: Shinya Tsukamoto
-GUIÓN: Shinya Tsukamoto
-AÑO: 2018
-DURACIÓN: 80 min.
-PAÍS: Japón
-MÚSICA: Chu Ishikawa
-REPARTO: Yû Aoi, Sôsuke Ikematsu
-PRODUCTORA: Kaijyu Theater







La secuencia inicial de Killing refleja muy bien el cine de Shinya Tsukamoto por mucho que algunos se entesten en decir que sus últimas películas andan muy alejadas del cine que le caracteriza. Un primer plano de un hierror en plena forja, golpeándose con un martillo y a la vez creando una especie de patrón rítmico en percusión, parecido al que creó el músico Chu Ishikawa para Tetsuo, es una muestra de como el metal modifica su forma, que es la idea fundacional del cine del director japonés. A diferencia de aquél filme, en Killing el acero no penetra en terrenos de ciencia ficción y cyberpunk, sino que lo hace en los códigos del chambara: el acero penetrando en la carne humana, y no para crear un nuevo ser sino para quitar la vida.

En Killing el acero no penetra en terrenos de ciencia ficción y cyberpunk, sino que lo hace en los códigos del chambara


El paso de los años ha hecho evolucionar la carrera de Tsukamoto a explorar otros terrenos, sin dejar de lado la idea fundacional del corpus de su carrera. Lejos queda aquél director que a través cables (Tetsuo) o puñetazos (Tokyo Fist) daba vida a otros seres que veían alterada su estructura para dar lugar a una nueva vida. Con el tiempo Tsukamoto ha entrado en una etapa de su carrera en busca de más intimidad, y es el caso de Killing. Esta vez el espectador conocerá a un samurai que deberá combatir sus inseguridades a la hora de matar.


Conretamente el samurai vive de la ayuda en el campo de unos campesinos, además entrenar en el arte de la espada al hijo de la familia. Todo va bien hasta que un día otro samurai se le acerca y le propone ir a Tokyo a la guerra, luchar con el shogun y ganarse bien la vida. Él acepta, pero unos villanos asesinarán antes de emprender el viaje al hijo de la familia. Entonces empezará una venganza.

Partiendo de aquí, Killing no se complica en su forma y ofrece un chambara a la vieja usanza completamente accesible, lleno de peleas con espadas, a través de un argumento donde temas como el orgullo, la debilidad y la superación se ponen encima de la mesa. Una película de ajuste de cuentas, violenta y con su justa pero igualmente abundante dosis de sangre, que hacen de Killing una película oxígeno en la carrera de Tsukamoto. Cine fácil de ver, y de seguir, pero que no renuncia a las inquietudes del autor japonés a pesar de dejar una sensación de obra menor en su carrera. Puede que lo sea, pero esta vez también el acero vuelve a mutar a las personas, y eso es su cine.



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