Sitges 2019: [Crítica] "Rabid" - Jen Soska, Sylvia Soska - La Zona Muerta - Cine de Terror, Manga y Asesinos en Serie

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domingo, 6 de octubre de 2019

Sitges 2019: [Crítica] "Rabid" - Jen Soska, Sylvia Soska


-DIRECTORAS: Jen Soska, Sylvia Soska
-GUIÓN: John Serge, Jen Soska, Sylvia SoskaMúsica
Claude Foisy
-AÑO: 2019
-DURACÓN: 107 min.
-PAÍS: Canadá
-FOTOGRAFÍA: Kim Derko
-REPARTO: Laura Vandervoort, CM Punk, Ben Hollingsworth, Mackenzie Gray, Ted Atherton, Tara Yelland, A.J. Mendez, Joel Labelle, Avaah Blackwell, Hanneke Talbot, Lucas Meeuse, Jesse Griffiths, Hillary Daley
-PRODUCTORA: Back 40 Pictures / Amcomri Film Partners. Distribuida por Shout! Factory






Tras el estreno de American Mary aparecieron en escena dos directoras canadienses que definieron un concepto de cine que, tal y como han acabado reconociendo, remite a la herencia del body-horror de su compatriota David Cronenberg. Su acabado visualmente atractivo y con un contenido argumental atrevido y moderno, dejaban atrás los rodajes de guerrilla de aquel debut llamado Dead hooker in a trunk, protagonizada por las mismas directoras, en que dejaban claro también que la ilusión pesaba más que los medios y que los tabús no eran para ellas. Por en medio, encargos como See no evil 2 nos dijeron también también algo importante, que es que la mirada femenina en el cine podía aportar otras perspectivas inexploradas para el público. Las hermanas Soska han ido marcando un terreno, un sello personal, y con Rabid acaba de llegar la que es, para muchos ya, su mejor película.

La conexión de Rabid con American Mary es prácticamente vinculante. Más allá de incorporar la música del canadiense Kevvy en la banda sonora o de repetir con la actriz Tristan Risk, lo que de verdad las une es el protagonismo de una chica que experimente una transformación de apariencia y de conducta. Rabid es un body-horror en que el personaje protagonista de Rose, interpretado por una excelente Laura Vandervoort, sufre un accidente de tráfico que le deja una horrible cicatriz en la mandíbula, generándole, más allá del dolor físico, un dolor emocional que le subvierte en inseguridad en sí misma. Para solucionarlo recurre a un tratamiento experimental con cirugía reconstructiva a partir de células madre por parte de un doctor que utiliza métodos dudosos. Finalmente, el doctor no solo consigue solucionar el aspecto de Rose, sino que también corrige antiguas cicatrices faciales y un bulto en la nariz, dotándola de una belleza indudable.



El remake de Rabid va mucho más allá del clásico de David Cronenberg, al apropiarse de la historia original y ofrecer además una interesante combinación de body-horror, con los mad doctors y los infectados, por no hablar también de criaturas infernales que irán apareciendo en pantalla fruto de las mutaciones físicas de algunos sujetos. Las hermanas Soska superan de largo el filme original (muchos reconocemos que, sin ser una mala película, Rabid (1977) es de lo más flojo de Cronenberg) no solo a base de un espectáculo brutal cargado de muertes, violencia y efectos especiales artesanos, sino también por una interesante perspectiva femenina sobre la presión a la que deben someterse las mujeres por su apariencia, y que esto puede afectar a su rendimiento laboral o a las relaciones humanas. Sea como sea, la recuperación estética de Rose la dota de unas capacidades que la hacen triunfar en el trabajo, como si de una especie de empoderamiento femenino acabara de ocurrir pero esta vez sin masculinizar al personaje, algo que no quita que en lo personal, Rose, siga luchando por recuperarse y superar sus deseos más oscuros. Estos deseos oscuros remiten a una metáfora sobre los tratamientos inusuales y peligrosos que llevan a las personas incluso a ponerse en peligro solo por preservar o mejorar su belleza.

Y Laura Vandervoort está excelente en su personaje de Rose, haciendo olvidar rápido a la sobrevalorada Marilyn Chambers. Se le exige una interpretación complicada, viéndose sometida a periodos de la película sin hablar por la caracterización que le oculta media cara, u otras dramáticas y también otras de auténtico terror. Y es que su mutación física no solo se limitará al apéndice que nos presentó Cronenberg hace 40 años en el sobaco de Marilyn Chambers, sino que la llevará a distintas evoluciones físicas realmente sorprendentes y terroríficas.


A todo esto, sumemos numerosos ataques de infectados rabiosos, que están brutales y terroríficos, y sobretodo muy sangrientos. Pero también hay lugar para criaturas que parecen haber salido del universo Silent Hill y un final algo pasado de rosca que deja muy, pero que muy atrás la vieja película de Cronenberg. Solo objetar que se hace algo confuso y cuesta atar algunos cabos que unifican los infectados, la transformación física de Rose y al mad-doctor.

Sea como sea, se entienda bien o no, Rabid es un remake con una manera muy personal de ver el horror y el gore. A las Soska les encantan los extremos y dirigen partiendo de un argumento mucho más trillado y excesivo que el original, pero con sobriedad, y sin dejar que predomine el humor. Nadie podrá negar después de ver Rabid que las hermanas Soska tienen una manera de ver el cine de terror muy propia y una perspectiva femenina que aporta una nueva mirada al horror.

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