Sitges 2019: [Crítica] 'Luz' - Juan Diego Escobar Alzate - La Zona Muerta - Cine de Terror, Manga y Asesinos en Serie

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lunes, 11 de noviembre de 2019

Sitges 2019: [Crítica] 'Luz' - Juan Diego Escobar Alzate


-DIRECCIÓN: Juan Diego Escobar Alzate
-GUIÓN: Juan Diego Escobar Alzate
-AÑO: 2019
-DURACIÓN: 103 min.
-PAÍS: Colombia
-MÚSICA: Brian Heater
-FOTOGRAFÍA: Nicolás Caballero Arenas
-REPARTO: Yuri Vargas, Conrado Osorio, Jim Muñoz, Sharon Guzman, Daniel Páez, Johan Camacho, Andrea Esquivel, Marcela Robledo
-PRODUCTORA: Afasia Films / Amniótica / Egerton Crescent Productions / Wemakecolor





Creo que el cine debe servir para sanar heridas, no solamente como mero entretenimiento, sino para ayudar a sanar al espectador y a quien hace arte”, decía el director de Luz Juan Diego Escobar Alzate en la entrevista que le hicimos. Luz va más allá de la simpleza de un pasatiempos, de la pornografía en que a veces se apoya el género de terror o de los calcos propios de la serie B. Luz es una película que abastece una comunión de situaciones que sirven para nutrir la experiencia de tres hermanas que viven aisladas al campo junto a su padre y que acaban por replantearse la existencia de Dios, todo en clave de folk-horror recordándonos a películas como The Witch.

Genéricamente Luz es una película de terror, y creemos que su mayor virtud es la ambigüedad con la que se desarrolla entre el fantástico y la realidad y de la que nunca se distancia. ¿Luz es solamente una película de fanatismo religioso? Esta pregunta vuela en la cabeza del espectador a lo largo de sus 103 minutos, muy en la linea de películas como la citada The Witch sobre miedos ancestrales, en que se respira constantemente algo en el ambiente que permanece latente y que puede despertar en cualquier momento. Dicho de otro modo, Luz es más una película sobre el miedo que de miedo, pero que no le quita que se desarrolle de una modo inquietante y a la vez atractivo. Al final, lo que se desarrolla en la película es la dicotomía entre el bien y el mal, la alegría y pureza de unas hermanas contra el temor y decrepitud de un padre, todo sin olvidar una presencia maligna que siempre está allí, que se respira y que puede manifestarse en cualquier momento.


Partiendo de aquí, tres hermanas interpretadas por las actrices Yuri Vargas, Sharon Guzman y Andrea Esquivel, residentes en el campo y prácticamente aisladas de la sociedad, viven una serie de experiencias traumáticas a las que deberán enfrentarse y superar, para finalmente llegar a conocer bien a Dios. El objetivo narrativo de Luz es ese. Y ellas están acompañadas por su padre, el llamado 'El Señor', interpretado de un modo brillante por Conrado Osorio, un duro pero empático padre que permanece hundido en sus miserias tras la muerte de su esposa, y que decide apoyarse en la fe de un modo fanático para sobrevivir. Este camino es el mismo al que intentará guiar a sus hijas, un camino basado en el dolor, el desamor y la nostalgia, que teóricamente las llevará también a conocer bien a Dios.

Tema aparte de la fotografía de la película. Luz se mueve entre el western y el folk-horror, y una película así pide de grandes panorámicas, con exteriores ricos en contenido y color. En eso hay poco a objetarle a Luz, porqué su trabajo a cargo de Nicolás Caballero y al colorista Felipe Martínez, es una preciosidad que ya en su tráiler promocional dejaba intuir. Y es que ver Luz en una sala de cine es puro placer para los sentidos, y además, la puesta en escena, más allá de las localizaciones, es bella, con una escenografía vieja, sucia y cargada, ideal para reflejar un entorno rural y aislado que une directamente a los personajes con la naturaleza tan viva de aquellas panorámicas.


Luz no es cine para todo el mundo. Pide tomársela con calma para así poder descifrar detalles que servirán luego para digerirla mejor, sino de lo contrario puede costar implicarse en la propuesta. Su ritmo narrativo ayuda al espectador en este sentido. Quien consiga implicarse podrá disfrutar de un espacio entre la fantasía y la realidad que nunca consigue dejarle cómodo, para activarle y condicionarle a reflexionar sobre la condición humana, nuestra naturaleza y nuestros miedos.

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