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viernes, 9 de octubre de 2020

[Crítica] 'Black Water: Abyss' (Abismo) - Andrew Traucki, 2020


-DIRECCIÓN: Andrew Traucki

-GUIÓN: John Ridley, Sarah Smith

-AÑO: 2020

-DURACIÓN: 98 min.

-PAÍS: Australia

-MÚSICA: Michael Lira

-FOTOGRAFÍA: Damien Beebe

-REPARTO: Jessica McNamee, Luke Mitchell, Amali Golden, Anthony Sharpe, Benjamin Hoetjes, Rumi Kikuchi, Lynne Rose, Stu Kirk, Vicky Wanless, Tyson Brannigan

-PRODUCCIÓN: Coproducción Australia-Estados Unidos; Thrills & Spills, Cornerstone Pictures, ProdigyMovies






13 años después del estreno de Black Water, uno de sus directores, Andrew Traucky, regresa a la escena cinematográfica de terror con una secuela tan innecesaria como también entretenida. Reconozcámoslo: Black Water no era una buena película, sin embargo logró colarse en las televisiones de medio mundo como película de sobremesa, y las reemisiones han sido frecuentes. Black Water gustó al público, es innegable.


Ahora llega Black Water: Abyss, una continuación que no tiene nada que ver con su predecesora más allá de la presencia de cocodrilos hambrientos. Digamos que, añadir “black water” al título es un ejercicio más de marketing que otra cosa. Pero también es cierto que Black Water: Abyss supera en muchas cosas a su anterior. Tanto en puesta en escena, en mecanismos para generar tensión, trabajo de iluminación,... es en general mucho más ambiciosa, pero también comete los mismos errores.


Esta vez, otro grupo de jóvenes intrépidos deciden hacer espeleología, aún conscientes de que se acerca una tormenta y de que no han avisado a nadie de que se introducirán en un agujero en medio de la jungla. Y es que los mismo protagonistas ya se encargan de comunicarle al público su insensatez. A partir de aquí ocurre lo previsible: se quedan atrapados dentro de la cueva y por si fuera poco un cocodrilo les intentará comer.



Partiendo de aquí, Andrew Traucky elabora un trabajo excelente dentro de la cueva, desarrollando la historia siempre con muy poca luz, en ambientes rocosos y a veces hasta claustrofóbicos. Black Water: Abyss consigue lo que no consiguió Black Water, que es generar verdadera tensión, y la verdad es que tiene momentos que hacen sudar al espectador. El problema es que esta vez la amenaza del cocodrilo es secundaria, y la principal preocupación de los jóvenes es la huida de la cueva, por lo que la presencia del reptil es escasa y además muy poco visible. A todo esto, en Black Water: Abyss hay poca sangre, y se convierte, del mismo modo que la anterior, en una película muy accesible para todos los públicos.


El ritmo de la película es irregular debido a una cierta falta de ideas del director, sobretodo al tramo final de la película. Estas carencias en la narración son suplidas añadiendo problemas de parejas que salen a la luz y que pretenden generar más intensidad al drama que viven los protagonistas, pero en realidad interesan más bien poco al espectador. Los personajes son planos a más no poder, pura carnaza, nunca mejor dicho.


Black Water: Abyss es mejor que Black Water, pero está muy lejos de brillar. Lo más interesante es que por fin el agua de la película se vuelve oscura, en un entorno oscuro y con momentos realmente angustiosos. El escenario lo permite. Black Water: Abyss es un entretenimiento de sobretarde bien realizado que nunca brilla, pero contentará de sobras a los espectadores menos exigentes.


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