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domingo, 6 de diciembre de 2020

[Crítica] 'Larva Mental' - Mikel Balerdi, 2020


-DIRECCIÓN: Mikel Balerdi

-GUIÓN: Mikel Balerdi

-PAÍS: España

-AÑO: 2020

-REPARTO: Mikel Balerdi, Dairi Gaona

-DISTRIBUIDORA: TetroVideo (2021)






Tras un accidente de tráfico que implicó la muerte de su hijo, una pareja intenta tirar adelante después de la desgracia. Larva Mental parte de aquí, de unos padres que deben plantar cara a la peor de las desgracias que pueden sufrir a la vida, pero esta lucha fracasa cuando la madre se suicida y consecuentemente el padre cae en un agujero oscuro donde rige la perversión y el dolor.


Prácticamente muda y con un montaje cercano al videoclip, Larva Mental es un drama con tintes de terror que cuenta como un padre canaliza su dolor en placer, y el placer en autodestrucción. Ha sido escrita, dirigida y protagonizada por Mikel Balerdi, y el cineasta plantea una experiencia extrema al espectador mientras explora una nueva forma de expresión artística a través de la plasticidad del cuerpo, con escenas que implican sexo explícito y autolesión. Una propuesta intimista protagonizada en gran parte por un solo actor que es cercana al cine de arte y ensayo, pero todo con un discurso accesible -que no simple- con referencias a la doctrina cristiana.


Son precisamente las escenas de autolesión el principal reclamo de la película. Con unos efectos especiales creados por el propio Balerdi en colaboración con Dairi Gaona -quien interpreta también a la madre-, Larva Mental es una película que no sabes hasta que punto lo que has presenciado es real. Lo que se ve en pantalla provoca, asquea y duele. Y dolerá también a los espectadores más curtidos en género de terror. ¿Larva Mental quiere incomodar? Lo consigue, y mucho. La película funciona.



Pero debajo de esta parte visible del iceberg hay un discurso que nos habla sobre la culpa y en como canalizar el dolor. El protagonista vive un proceso de redención tras la muerte de su esposa impulsado por su adicción a la heroína, que le hace tocar fondo y por ello decide acogerse a la fe como último recurso. Ya dicen que la gente espiritualmente fuerte no necesita religiones, y es precisamente la debilidad espiritual del protagonista que le conduce al dolor para así expiar sus pecados.


Como su título indica, Larva Mental es una metáfora de como algo monstruoso puede crecer en nuestro interior y empujarnos a un lado oscuro de la vida. Su director, Mikel Balerdi, lo explora con una interpretación atrevida, sobre todo por lo que nos enseña de su “intimidad” -por así decirlo-. No obstante, se le ve algo menos cómodo en momentos dramáticos. En todo caso, la película no tiene apenas diálogos y la música sintetizada acompaña constantemente al relato, algo que ayuda a la difícil interpretación de Balerdi. Porqué, a pesar de todo lo extremo del relato, Larva Mental es por encima de todo un drama triste y oscuro.



Larva Mental no es una película para todo el mundo, ni si quiera para los más fieles seguidores del horror. No sé aún si me ha gustado, pero diría que si. Es cine extremo que busca -y consigue- provocar. E inquietar también, sobre todo por su fotografía poco depurada y oscura que nos remite a una pesadilla. El horror y el drama puede ser representado de muchas maneras, y Mikel Balerdi lo representa de un modo crudo en su máxima expresión, pero también intimista, en que la necrofilia, el desgarre anal, la castración, los excrementos y el semen enriquecen una historia triste que nos recuerda que a todos, sin excepción, la vida se nos puede joder en cualquier momento y empezar nuestra propia crucifixión hasta la muerte.


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