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lunes, 11 de enero de 2021

[Crítica] 'Voyage to Agatis' - Marian Dora, 2010

 

-TÍTULO ORIGINAL: Reise nach Agatis

-DIRECCIÓN: Marian Dora

-GUION: Marian Dora, Adrian d'Angelo

-AÑO: 2010

-DURACIÓN: 73 min.

-PAÍS: Alemania

-MÚSICA: Transmitted Dreams

-FOTOGRAFÍA: Marian Dora

-REPARTO: Thomas Goersch, Tatjana Lommel, Janna Lisa Dombrowsky

-PRODUCTORA: Engelfilm

-DISTRIBUIDORA: TetroVideo






Voyage to Agatis es una producción directa al mercado del vídeo que nace tras la sombra prolongada de Melancholie der Engel, la polémica y a la vez aclamada obra cumbre del director alemán Marian Dora. Rodada en menos de una semana en Croacia, concretamente en un barco y con solo tres actores, la película es todo un reto cinematográfico que consigue preservar el estilo de video-arte macabro de su director. También. es su película más accesible.


Los recursos técnicos en el set de rodaje de Voyage to Agatis destacan por su ausencia, lo que acerca la película al cinema verité, pero esto no impide que Marian Dora consiga un filme cargado de tensión, simbolismo y polémica, lo que tanto caracteriza al cineasta alemán. La película cuenta como Isabell y Rafael se van de vacaciones, y en su viaje recogen a la joven Lisa, quien desconoce por completo la vena violenta de Rafael y su pasión por humillar a los demás. Todos juntos emprenden un viaje en barco el cual acaba convirtiéndose en un infierno para la joven.



El viaje conduce a Isabell y Rafael hacia un entorno natural en alta mar que les hace relucir su pureza, les desnuda como personas y les deja en un espacio aislado donde la joven Lisa (Janna Lisa Dombrowsky) acaba siendo víctima de todo tipo de abusos y humillaciones. Y es que el viaje a Agatis no es más que un término que oculta el referente popular Triángulo de las Bermudas, como un lugar mágico o maldito, según se mire, un lugar donde se alterna el comportamiento de las personas.


Este proceso lo narra Marian Dora de modo lineal, pero también busca el simbolismo a través de algunas imágenes. Y es que, paralelamente al desarrollo argumental, el director mastica un subtexto cargado de poesía que contiene pensamientos de Isabell (Tatjana Lommel), una mujer consciente de su dependencia de Rafael, un misógino pervertido con tendencias psicópatas. Este subtexto que parte de la percepción y sensaciones de Isabell le proporciona al espectador imágenes más artísticas tanto por el relucido expresionismo del entorno natural como también otras más oníricas, en este caso con unas espeluznantes muñecas flotando en aguas turbias que bien podrían simbolizar a la víctima Lisa. Todo acompañado con una música que se repite y viene cargada de tristeza. Todo en su conjunto deja claro que Voyage to Agatis es por encima de todo un drama, un drama desarrollado de un modo más accesible y lineal que el anterior filme del director, Melancholie der Engel, que era más tortuoso y artístico. Aquí es todo más físico y evidente, pero sin caer en la desmedida, y siempre sin descuidar ese subtexto complementario que da profundidad a los personajes así como la percepción de que hay algo maligno en el ambiente.



Vale la pena destacar al actor Thomas Goersch, quien interpreta brillantemente a Rafael, un personaje que evoluciona y acaba convertido en un monstruo misógino al llegar a ese supuesto lugar llamado Agatis. La fotografía sucia y vaporosa ayuda a generar un ambiente malsano y agobiante en un espacio tan limitado como es un barco, y en donde Rafael impone su ley.


Voyage to Agatis es una película corta y lineal, rodada en pocos días y con pocos medios (se dice que costó 10.000 euros), pero más allá de su argumento trabajado mil veces en otras películas ésta está llena de poesía en subtexto e imágenes de gran belleza, tanto oníricas como naturales. Porqué la película nos habla de naturaleza, de la libertad que supone hacer relucir nuestros impulsos a base de transgredir la moral y remover los tabúes, y sacar a flote nuestras fortalezas y debilidades. Su visionado no es tortuoso ni hay matanzas reales de animales como en el anterior filme de director (solamente muere un pepino de mar), pero sigue siendo incómoda y sexual. Un video-arte macabro altamente recomendable, con el estilo inconfundible de Marian Dora, con planos detalles agobiantes continuos, textura fotográfica vaporosa que genera un ambiente malsano continuo, y una violencia que a veces parece alejada de la ficción.


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