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sábado, 22 de mayo de 2021

[Crítica] THE BAD MAN - Scott Schirmer, 2018


-DIRECCIÓN: Scott Schirmer

-GUION: Scott Schirmer

-AÑO: 2018

-DURACIÓN: 106 min.

-PAÍS: Estados Unidos

-MÚSICA: Justin Burning

-FOTOGRAFÍA: Scott Schirmer

-REPARTO: Ellie Church, Arthur Cullipher, Jason Crowe, Dave Parker, Alyss Winkler, Kevin Roach, Brian Papandrea, David Hancock, Adam 'Mickey' McAndrews

-PRODUCTORA: Chameleon Arts Entertainment

-DISTRIBUIDORA: TetroVideo






El desmedido uso del poder de unos y la falta de libertad de otros como metáfora al capitalismo más salvaje, diferencia de clases sociales y hasta fascismo, es una metáfora trabajada en muchas producciones culturales cuyo máximo exponente ha acabado siendo Saló de Passolini. El mensaje queda memorizado, es sencillo, porqué esta mezcla de horror y perversión que también presenta The Bad Man es repugnante a la vez que creíble en metáfora.


La película trata sobre el despotismo de un payaso psicópata que tiene la intención de deshumanizar a una pareja y convertirlos, literalmente, en un perro y una muñeca, que luego servirán para participar en una bizarra subasta para las élites económicas.


Su director es Scott Schirmer, que demuestra una vez más que con pocos recursos pero con una idea clara y talento, salen cosas tan interesantes como The Bad Man. Y no es que invente la rueda en su último trabajo, pero esta película de terror psicológico en que un payaso tortura física y mentalmente a dos jóvenes hasta anularlos como personas, resulta desagradable a la vez que hipnótico para cualquier fan del horror. Porqué más allá de la superficie con divertimentos propios del género, y de la metáfora que Schirmer -convertir a las personas más vulnerables en simples mercancías de consumo para que los acomodados obtengan sus caprichos-, tiene un desarrollo cada vez más envolvente y con algunas sorpresas en forma de giros narrativos.



Parte del éxito lo tiene el antagonista del filme, un payaso interpretado por Arthur Cullipher que hace olvidar a otros como Capitán Spaulding o Pennywise, y acerca al espectador al Joker de Heath Ledger. Él también es digno a ser recordado con su asfixiante interpretación, apoyado por unos diálogos cruelmente ingeniosos que generan torturas psicológicas a sus dos víctimas en un entorno siempre cerrado, lo que genera una incomodidad al espectador muy efectiva. Por otro lado, la “muñeca”, interpretada por una de las protagonistas de Harvest Lake (película dirigida por Schirmer en 2016), Ellie Church, cumple su cometido de víctima y final girl. También Jason Crowe y Dave Parker, como amo y leal “perro”. La actuación de los cuatro es excelente y memorable.


Hay que retraerle a The Bad Man que tres cuartas partes de su metraje se limite a trabajar las torturas físicas y psicológicas del payaso a sus víctimas, algo que convierte el desarrollo de la historia algo rudimentario. Es como si la película quedara atascada sin ideas. Solo consigue abrirse con la subasta, explorando así nuevas ideas tanto narrativas como metafóricas sobre las desigualdades de clase.


No soy un hombre, soy un perro” admite Jason Crowe, una de las víctimas. Y es que The Bad Man consigue lo mismo que consiguen las altas esferas, que es definir una jerarquía a la sociedad, y que la misma sociedad la acepte casi sin protesta. Es metáfora pura, pero también entretenimiento puro. Hay muy poco gore (como el resto de obras del director), pero es una salvajada cruel donde el despotismo, la vejación y la tortura está desencadenada. Y todo en su conjunto hace que no sea una película pasajera. Creemos que tiene la capacidad de quedarse en la retina del espectador durante días mientras piensas en ella, algo que no suele pasar en el cine de bajo presupuesto cargado normalmente de simplicidad y pornografía gore, si no malas ideas. The Bad Man es una muy buena película que confirma Scott Schirmer como uno de los cineastas independientes más interesantes de la actualidad.



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